Cuando vivimos haciendo dietas reguladas por reglas externas se producen pensamientos absolutos como; “es mi última oportunidad”, “tengo que aprovechar ahora pues luego no podré”, “eso yo no lo puedo comer”, “ese alimento es malo”.

Repetirnos este discurso conduce a llevar una relación poco saludable con la alimentación, y a que perdamos la capacidad de tomar decisiones que apoyen nuestra salud.

Sin embargo, si aprendemos a escuchar nuestro cuerpo, y a comer intuitivamente no hay conductas correctas ni incorrectas, desaparece el juicio, nos orientamos al bienestar a largo plazo y nos hacemos responsables con nuestra salud.

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