Un gran logro

Un gran logro

Ce l’ho fatta!💪🏽

Después de muchas horas de estudio y lectura he logrado sacarme el certificado de C1 en italiano.

Me recuerdo cuando hace un par de años, en mi primera aventura en bicicleta por Italia, paré en un bar a resguardarme de la lluvia. Estuve ahí un buen rato y me puse a leer un libro que tenían. No recuerdo de qué iba, pero sí recuerdo que mientras intentaba entender algo, me vino a la mente cierta nostalgia por no haberlo estudiado de más joven. Pensé en pasado, como si estudiar estuviera delimitado a la vida universitaria.

Cuento largo corto, pasados los años conocí a Giorgio, mi compañero, y sin saber qué giro tomaría la relación, me dije “aprovecha que tienes un italiano al lado y ponte a estudiar el idioma”. Y así fue. Llevo 4 años estudiándolo y debo decir que es una de las experiencias más enriquecedoras que haya vivido. Hablar otro idioma, no solo es un reto intelectual, es un camino maravilloso que te permite comprender las tradiciones, las costumbres y la realidad de otros. Es como si con una nueva lengua pudiera ver la vida de un modo diferente. Es otra puerta a la sabiduría. 

Nunca es tarde para estudiar y aprender. Si el compromiso es fuerte y existe disciplina, todo se puede.  Espero haber motivado a alguien por ahí. 🤗

Islandia, la tierra del fuego y el hielo

Islandia, la tierra del fuego y el hielo

Les tengo mucho que contar. Estuve en Islandia, la tierra del hielo y del fuego. Tierra de contrastes en los cuales los cuatro elementos te sorprenden a cada minuto. Todo puede cambiar en cuestión de un momento. Hasta en el lugar más quieto llega un viento que te hace sentir indefenso en una naturaleza peligrosa y sin límites.

Me la viví a plenitud. Inmersa en su ferocidad y su magia. El senderismo es una de las mejores actividades para practicar en este país. Hicimos muchas rutas que conseguimos en la página de Wikiloc. De las aventuras que más disfruté fue el senderismo por las coladas volcánicas del Fagradalsfjall. Aún emana gases de la última erupción. Caminar por sus rocas que una vez fueron líquidas fue divertido y aterrador. Parecían merengue negro.

Creo que el reto más grande fue aventurarme a nadar entre los dos continentes. 😳 En el Parque Nacional Þingvellir está Silfra, una fisura que separa las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia. Hacer ‘snorkeling’ en un agua helada a través de esta grieta fue alucinante. Esas cuevas se han ido formando como resultado de los terremotos. Con cada uno, bloques y rocas caen en la fisura haciéndose más ancha y profunda. Se estima que cada año las placas se separan una distancia adicional de 2 cm. ¡Wow! Pero el verdadero ‘wow’ se lo lleva la temperatura del agua. Estaba a 2ºC. De esta espero haber superado la changuería de no querer bañarme en aguas no suficientemente cálidas.😅

Conocí uno de los gigantes en extinción, el glaciar Sólheimajökull, el cual recorrimos como parte de una ruta guiada. Senderismo sobre un hielo blanco, gris y negro ya que estaba cubierto con las cenizas de un volcán. Jamás me hubiera imaginado que estos dos elementos pudieran coexistir. Las cenizas del Katla recubren el hielo de la parte más baja de las lenguas glaciares. Y, de hecho, las cenizas son tan fuertes que protegen el hielo y no se deshace. ¡Qué maravilla! A medida que ascendíamos el color grisáceo cedía el batón al blanco resplandeciente. Ahí el hielo es sólo agua. Una de las aguas más puras de la cual nos dimos algunos sorbitos. Porque, aunque sea difícil de creer, hacia bastante calorcito. De hecho, ese día la temperatura marcaba dos cifras. Algo inusual en esta isla.

Hablemos de placeres. Si bien hay muchos baños termales perfectamente organizados, no se comparan con hacer una caminata extenuante para encontrar un río de agua caliente. Las cosas se aprecian más cuando requieren un esfuerzo. 😉 Nos dimos un buen baño en el ‘Reykjadalur Hot Spring Thermal River’. Hay muchos y están escondidos por todas partes.

Nos desplazamos principalmente por el sur e hicimos un buen ‘road trip’ por la Península de Snaefellnes. Ahí visitamos Arnarstapi, de lo más fácil de pronunciar, un pequeño puerto pesquero en la entrada del Parque Nacional de Snæfellsjökull en el cual se pueden apreciar maravillosos acantilados, arcos de lava y un enorme monumento de piedras que rinde homenaje a Bárdur, el espíritu guardián de la región. Y hablando de guardianes, Islandia es un país plagado de historias de elfos y de hadas, además de las tantas sagas de los vikingos. Ahí cerca en Borgarnes está ‘The Settlement Center’, un museo que tiene mucha historia de los inicios de la civilización y alguna saga con divertidos visuales. Merece la pena visitarlo.

Recorriendo esta península también fuimos a Ólafsvík en dónde tomamos un tour marítimo para ver ballenas. ¡Vimos muchas! Ah, y más senderismo. Hicimos una caminata alegre bajo el sol dándole la vuelta a Kirkjuffel, “la montaña iglesia”. Es una montaña de origen volcánico situada en Grundarfjörður (Fiordo de Grundar) que también lleva otro nombre “la cima de azúcar”, como le llamaban los marineros daneses, ya que cuando nieva eso es lo que parece. Pudimos apreciarla de diversas maneras. ¡Vaya nevada que cayó al día siguiente!

Luego nos movimos a la ciudad. A Reykjavík, la capital más septentrional del planeta. Sorprendentemente cosmopolita para su tamaño. Ahí nos disfrutamos la vida nocturna del finde. Encontramos un buen jazz club que tenía diferentes músicos cada noche así que nos convertimos en otros ‘locales’ del bar. Por el día paseamos apreciando los coloridos edificios que animan la zona más turística. Y hablando de turismo, nos dedicamos un día completo para visitar museos. Hay muchos y era difícil la elección. Terminé visitando el de las ballenas, “Whales of Iceland” y, los de arte moderno y contemporáneo, “Reykjavík Art Museum”.

Hablemos de la comida islandesa. Su gastronomía se compone principalmente de carnes y de pescados. El bacalao es el pescado más usado en todo tipo de cocciones, como el clásico Fish & Chips. Uno de los más tradicionales y que verdaderamente disfruté es el Plokkfiskur. Un guiso cremoso de bacalao con papa que se acompaña con una tostada de pan de centeno dulce. ¡Es exquisito! Otros pescados que se comen son el salmón y la trucha ártica. Y la langosta y las vieras están omnipresentes en sus cremas y sopas. Las frutas y los vegetales no son fáciles de conseguir. Prácticamente todo es importado ya que su clima no le permite cosecharlo. De ahí sus precios estratosféricos. Por primera vez probé el Skyr, un producto lácteo fermentado que ha formado parte de su gastronomía durante siglos. Ya es parte de la dieta de muchos ‘foodies’, además de haber ganado terreno en el campo de la nutrición deportiva por su alto contenido proteico. Tiene la cremosa consistencia del yogur griego pero con un sabor más ligero. Fue mi desayuno todos los días mezclado con nueces y pasas.

Islandia es verdaderamente fascinante. Te hace cuestionarte si es una nación moderna y variada que evoluciona con el resto del mundo o si, por el contrario, es un país rural que se opone a la fuerza de la globalización. Me pareció que es ambas cosas. Tienen mucha cultura, literatura y arte contemporáneo. Y si bien haya más ovejas que personas, su capital es cosmopolita, sus ciudadanos de mente abierta y va a la cabeza de muchísimos países en cuanto a derechos LGBT se trata.

Viajar aquí, al igual que sucede cuando contemplamos la inmensidad de la naturaleza hace que nuestros problemas sean pequeños. Eso es un regalo. Por otra parte, presenciar todas esas maravillas hace que uno se sienta feliz y satisfecho con la propia existencia. Pero para esto no hace falta viajar, la naturaleza está a la vuelta de la esquina. Tenemos que aprovecharla, respetarla y acercarnos más a ella. Definitivamente. ❤️

Una grandiosa experiencia entre olivos

Una grandiosa experiencia entre olivos

Si alguna vez te has preguntado cómo se prepara el aceite. ¡Sigue leyendo! Carla mi nutricionista versión “contadina” tiene la respuesta.🤩

¡He preparado aceite de oliva!

¿Cuándo?, ¿cómo, ¿dónde?

La recogida de aceitunas en el hemisferio norte comienza en otoño. Es la época del año en la que el fruto se encuentra en el estado óptimo para extraer su jugo.

Aunque la gestación del fruto comienza en la primavera, es normalmente entre junio y noviembre cuando tiene lugar la formación del aceite de oliva dentro de la pulpa de la aceituna. Este proceso metabólico es conocido técnicamente como lipogénisis: formación de grasa. El proceso contrario para el que mayormente solicitan mi ayuda. 😆

El clima influye muchísimo en este proceso. Por ejemplo, aquí en Sicilia, después de un verano tan caluroso con temperaturas récord, se interrumpe momentáneamente la lipogénesis y se retrasa la formación del aceite. Sin embargo, con la llegada de las lluvias de otoño, la planta se recupera y pone en marcha la producción. Es increíble ver cómo se “hinchan” esas aceitunas de un mes para otro.

Hablemos de la parte divertida: la recolecta de las aceitunas

El ordeño, es la recogida tradicional que se hace de forma manual, para la cual se necesita: una escalera, unas mallas o redes y y buenos buenos guantes. Así hemos hecho hoy gran parte del trabajo, combinado con un brazo mecánico que pareciera “peinar el árbol” y sacudir su fruto.  ¡Cómo me disfruté ver volar las aceitunas!  Mucho más divertido que ir recogiendo una por una, las aceitunas que quedaban desperdigadas por el suelo.

Sea cual sea el método utilizado para la recogida de las aceitunas, se deberán limpiar para quitarles los restos de ramas, piedras o tierra que puedan tener. Cuando las llevas para extraer su jugo se pesan y, mientras más olivas y menos desechos entregues, menos pagarás por el producto final.

Una vez terminado cada árbol, de los doce que hicimos, vertimos las mallas dentro de un cubo para reservar las olivas y al final del trabajo las echamos todas en sacos para transportarlas mejor. ¡Cinco sacos repletos de olivitas!

Terminado el día de trabajo, fuimos directo al “frantoio”, la trituradora, para preparar nuestro aceite de oliva. El proceso fue muy rápido. Es fácil olvidarse del tiempo ahí: la intensidad de aromas se acrecienta según uno avanza.

Entregamos las olivas, las limpiaron una vez más, las lavaron, las trituraron, las machacaron, las centrifugaron y listo. Una pura “meraviglia” ver brotar ese oro líquido con un intenso color verde. Hemos salido con 28 litros (8 galones) de aceite de oliva. Y, por supuesto, ¡extra extra virgen!

 

Cicloturismo en tierra de vinos

Cicloturismo en tierra de vinos

Este fin de semana un grupo de amigos fuimos a Tortosa para participar en la primera edición del Gran Fondo SB Hotels Terres de l’Ebre. Esta marcha cicloturista comenzó el sábado con un recorrido de 100 kilómetros que nos llevó bordeando el lado derecho del río Ebro, el más caudaloso de España.  Pasamos por el lado de varias poblaciones hasta llegar a la altura de Móra d’Ebre. Ahi cruzamos el río para bordearlo por el otro lado y una vez regresamos a Tortosa hicimos la segunda y épica parte del evento, subir el punto más alto de Tarragona, el imponente Mont Caro, con una subida de 23.3 kilómetros para coronar en los 1,400 m de altitud.

Este recorrido, por la zona más húmeda de Catalunya estuvo estupendo, pero uffff esos últimos 3 kilómetros del Mont Caro con pendientes de hasta 15% son memorables. Conllevaron un enorme esfuerzo para poco poder apreciar del paisaje panorámico ya que nos tocó un día con mucha niebla. Terminamos el evento prácticamente juntos, unos 148 kms totales reconocidos con una guapa medalla. En la tarde nos fuimos en nuestra furgoneta para alojarnos en un pequeño municipio del Priorat.  El Lloar, con sus pequeñas calles empinadas y balcones sobre el rio Montsant fue antiguamente el camino de los viajeros entre el Ebro y Tarragona.

La casita donde nos alojamos tenia todo su encanto en el balcón de vista panorámica donde no se escuchaba un alma, idónea desconexión ante el caos de vivir en una ciudad. En la noche nos encontramos a dos personas, las únicas que habíamos visto en el fin de semana, quienes nos recomendaron ir a cenar a un pueblo cerca, El Molar. La comida estuvo muy buena, los carnívoros estaban contentos con sus mandonguillas, una especie de albóndigas y yo con un empedrat, una ensalada típica de la  la cocina catalana que tiene como ingredientes principales bacalao y alubias. Bueno, y en tierra de vinos, hablemos de lo propio…. disfrutamos de un exquisito vino del Priorat, con garnacha, cabernet sauvignon y cariñena llamado interrogación (?). Ya tendremos que regresar para probar el exclamación y el paréntesis.

El domingo nos fuimos a pedalear por El Priorat, comarca de Tarragona que goza del prestigio internacional como referente vinícola. ¡Qué espectáculo paisajistico y divertido! La ruta fue un continuo sube y baja por carreteras estrechas y de muchas curvaturas entre montañas y viñedos. Para el almuerzo paramos a conocer su capital, Falset, donde disfrutamos de la vida familiar que llevan los locales en la plaza de la Quartera.

El ciclismo, el mejor libro de geografía.

Il nostro Giro e un amore infinito

Il nostro Giro e un amore infinito

La edición 102 del Giro d’Italia este año terminaba en la ciudad de los amantes eternos, perfecta razón para conocer Verona. Ubicada en la región del Veneto, vecina de Bolzano y Trento con un sinnúmero de rutas alpinas espléndidas para pedalear, planificamos para gozar de un banquete de ciclismo.

El 31 de mayo a primera hora salimos Giorgio y yo de Barcelona hacia Bergamo-Orio al Serio, un bus, un tren y al mediodía en horario justo para comer llegamos a casa de su familia en San Bonifacio.

Luego de recientemente leerme la historia de los legendarios Bartali y Coppi y seguir con atención por tres semanas la ronda italiana con un’ amore infinito, me hacía muchísima ilusión presenciar en la Arena de Verona el final del evento y celebrar el triunfo del segundo latinoamericano en ganar la Corsa Rosa, el ecuatoriano Richard Carapaz. Fue muy emocionante entrar a la villa ciclista donde están todos los equipos con sus buses, fanáticos y donde en cualquier momento te puedes cruzar con algunos de los grandes. Y efectivamente se nos cruzaron los hermanos Nibali, entre otros que no pude reconocer y por fortuna el gran protagonista del día. De momento una esquina de la villa, el bus de Movistar, se convirtió en un espacio de baile y cantos al ritmo de música andina repleta de ecuatorianos compartiendo con orgullo su bandera y alegría. Estuvimos un par de horas bajo el látigo del sol en la Arena presenciando la emocionante llegada de los ciclistas por la alfombra rosada. Primoz! Nibali! Ciccone! Landa! Conti!

Al día siguiente comenzaba nuestro propio Giro y para esto nos trasladamos a Lazise, uno de los pueblos más pintorescos del Lago de Garda con sus grandes murallas y castillo. Fue en este pueblito con aire veneciano donde rentamos nuestras bicicletas Colnago en Los Locos Bike Shop.

El martes en la mañana salimos a hacer gran parte de la vuelta en el sentido del reloj al lago más grande de Italia. Fueron 105 kms atravesando las tres provincias que componen el Lago de Garda:  Veneto, Lombardía y Trentino. Pudimos disfrutar parte del carril bici flotante construido a unos 50 metros sobre el agua el cual permitirá en un par de años recorrer todo el lago separados del tráfico de coches. Esa noche nos quedamos en Torbole, en el extremo septentrional del lago, donde disfrutamos una bonita cena contemplándolo, comiendo de sus pescados y deleitándonos un buen vino rosado de la región.

El segundo día de nuestro viaje en bicicleta fue en dirección a Bolzano. Con tan sólo un par de kilómetros en las piernas nos encontramos unas importantes rampas de >12% en las cuales nos avanzaron y saludaron unos atrevidos turistas alemanes en sus bicicletas eléctricas. Unos 120 kilómetros con 1,000 m de desnivel acumulado de los cuales la mayoría fueron por la estupenda ciclopista del Río Adige que lleva de Rovereto a Bolzano. Una parada en Trento para tomar café, ver la cuidad y una parada para comer frente al Lago Caldaro que terminó con un refrescante chapuzón. Llegar a Bolzano me pareció alucinante, con su evidente cruce entre los mundos germánicos e italianos donde los carteles se leen en ambos idiomas, es una ciudad que en su planificación urbana sin duda alguna tiene como protagonista al ciclista. Esa noche salimos a conocer la cuidad rodeada de grandes montañas paseando por sus pequeñas callejuelas con edificios decorados en color pastel y un sofisticado aire cosmopolita.

La tercera etapa de nuestra aventura constó en entrar en las Dolomitas, la cadena de montañas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Un trayecto corto sin embargo muy exigente por el desnivel acumulado: 70kms con 2,000m. Este ruta sufrió algunos cambios en el recorrido previsto ya que una carretera estaba cerrada por riesgo al desprendimiento de grandes piedras. También tuvo una pausa más larga de lo contemplada cuando paramos a comer en Tires y comenzó a “ llover a saco” como dice Giorgio. Paramos en un hotel a resguardarnos del diluvio y tomar un té caliente con jengibre y miel. Cuando mejoró el clima nos lanzamos con nuestros chubasqueros a pedalear y completar nuestro itinerario atravesando los passos Nigra y Costalunga hasta llegar al Val di Fassa donde nos albergaríamos en el pueblo Mazzin por los siguientes tres días.

El cuarto día de nuestro recorrido, era uno muy esperado ya que podríamos pedalear más ligeros sin nuestros bolsos. Fueron 112kms con 2,900m haciendo los passos Sella, Gardena, Campolongo y Pordoi. En los primeros dos passos disfrutamos de carreteras cerradas para los coches ya que había un evento competitivo de ciclistas. Subimos los puertos a nuestro ritmo sin embargo con cierto ánimo competitivo contagiado por los allí presentes. Fueron 4 passos aunque realmente podemos decir 5 y muchos entretenidos “tornanti”. El plan era hacer el Passo Fedaia en lugar de Pordoi pero luego de una emocionante bajada al llegar al pueblo de Rocca Pietore la carretera para acceder el passo estaba cerrada y tuvimos que regresarnos y subir nuevamente todo. Para llegar a nuestro albergo tuvimos que adelantar la agenda del Passo Pordoi para esa tarde y fue así que con algo de frío y las piernas cargadas cruzamos de Arabba a Canazei luego de hacer los 33 “tornanti” de este puerto de 1ra categoría.

El día siguiente fue maravilloso, correspondía originalmente el Passo Pordoi, pero como ya lo habíamos conquistado nos fuimos con unos amigos que vinieron de Milano a pasar el día en las termas QC. Fue un día de pleno sol de verano entre baños calientes, fríos, sauna, hidratación y relajación total.

El último día de nuestra aventura dolomítica tenía como propósito hacer uno de los puertos que recién había hecho el Giro y regresar a Bolzano. Pero claro, en medio de una cadena de montañas nunca hay sólo un passo, así que ese día hicimos los passos San Pellegrino, Valles y Rolle. La carretera estaba un poco pesada, llena de moteros domingueros que se la estaban pasando bomba por los “tornanti”. El Passo Rolle fue nuestro favorito, así como advertido por unos simpáticos abuelos ciclistas que nos cruzamos en la ruta, es un puerto corto de pendientes moderadas (7 kms con una media de 6%) que se me hizo muy llevadero al estar entretenida leyendo los nombres de los “grandes” pintados en la carretera.

Al salir de las Dolomitas llegamos al Val di Fiemme donde nos encontramos con una carretera cerrada para los coches ya que el pueblo disfrutaba de un domingo activo en familia con padres e hijos pedaleando, corriendo y caminando al ritmo de la música por sus calles.

Llegamos a Bolzano temprano en la tarde, paseamos, comimos, brindamos y volvimos a comer. Me encantaron los canederli, plato típico del Alto Adige que parece ser un invento gastronómico para aprovechar las sobras de pan que se remojan con leche y se forman como albóndigas con huevos y parmesano cocidos en mantequilla. No tan sanas, pero yo me los comí de espinacas y zanahorias 🙂

Fueron en total 540 kilómetros con 8,500m de desnivel acumulado, dejando pegatinas de Carla Mi Nutricionista en los letreros de cada passo coronado. 🙂 Una ruta preciosa que discurrió parte por excelentes carriles bici, pueblos acogedores e impresionantes paisajes.  Un verdadero festival sensorial atravesando por la gran cordillera italiana de imponentes formas de roca caliza en el fondo y por donde se ha escrito mucha historia del Giro d’Italia.

Allegra Italia, ¡no me canso de explorarte en mi bicicleta!

 

 

 

“A whale of time” en la Isla Esmeralda

“A whale of time” en la Isla Esmeralda

Esta primavera visité la Isla Esmeralda, y por supuesto el ciclismo estaba involucrado. Fui con mi amiga Mireia desde Barcelona a Tralee en el suroeste de Irlanda para participar en la séptima edición de la marcha cicloturista, SRAC Atlantic Challenge.

Llegamos al aeropuerto del condado de Kerry desde Barcelona, haciendo escala en Londres y luego tomamos un bus hacia su capital, Tralee “Tra lí” (así cómo se escribe en el gaélico irlandés moderno) es un bonito pequeño pueblo costero con su propia bahía. Los pubs con música en vivo están por doquier y para ambientarnos en cuanto llegamos nos dirigimos a tomarnos una espumosa Guinness.

Al día siguiente fuimos en bus a Killarney, otro pueblo del condado de Kerry donde rentamos nuestras bicicletas y aprendimos a pedalear por el carril izquierdo de la carretera. Nada muy complicado hasta que llegas a las rotondas y necesitas toda la concentración posible para adelantarlas sin causar un caos y sin delatar tu sentido de pánico. Bajo un cielo claro y un clima muy agradable pedaleamos 35 kilómetros hasta llegar a nuestro hotel. En la tarde fuimos a inscribirnos al evento, recoger los números de participantes, familiarizarnos con el ambiente de ciclistas y cenar.

El sábado a las 9 aproximadamente 1,500 ciclistas salimos de Tralee rumbo a la Península de Dingle para hacer dos eventos: uno de 100 kms y otra un poco más largo de 135 kms. El cielo no estaba tan claro como el día anterior y la temperatura había bajado un par de grados. Salimos hacia el pueblo de Camp antes de llegar al puerto importante, el Conor Pass de aproximadamente 5km con una media de elevación del 7%. Esta puerto de montaña es el punto más elevado del país y lo recorrimos por la estrecha carretera de un solo carril. A un lado tiene un muro de piedra con un salpicado de vegetación verde y del otro lado hay un barranco con una impresionante vista a un amplio valle con lagos circulares, remanentes de lo que hace siglos fueron glaciares irlandeses. La subida fue llevadera y pude conversar con algunos ciclistas locales de la región que tenían curiosidad por conocer de dónde éramos las hispanohablantes: una boricua y una catalana. Me disfruté mucho el paisaje panorámico de este puerto, sin embargo creo que lo supera en mi memoria que vi una oveja bebé tirada lesionada en la carretera y no entendí el porqué hasta que me contaron que se cayó de aproximadamente 50 pies de alto frente a uno de los ciclistas uffff, ¡vaya suerte del irlandés! 🍀

El descenso fue de 7 kms con algunos extremos bastante cerrados hasta el poblado de Dingle en el centro del Gaeltacht (zonas de habla mayoritariamente gaélica) con serpenteantes caminos rurales donde el verde intenso de las praderas se funde con el color del Mar Atlántico.  Me hubiera encantado tomarme una pausa para visitar alguno de los acogedores pubs/restaurantes con tejado de paja, ya regresaré…

A las 3:30 de la tarde llegamos a Tralee con 136 kms y 1,500m de desnivel acumulado. El regreso fue duro porque el viento ahí sí sopla de verdad. Afortunadamente los irlandeses son muy simpáticos y cada vez que pasaba un pelotón te invitaban a “montarte” a seguir alguna rueda. Uff, ojo!!! que vienen por la derecha.

El domingo fuimos a hacer un coffee ride con un amistoso grupo de ciclistas “Chain Gang Cycing Club” de Kerry y tuvimos un “whale of time” (expresión irlandesa para pasarlo bien).

Me gusto mucho conocer esta Irlanda rural, el espíritu tan alegre de los irlandeses y apreciar la fuerza salvaje del Océano Atlántico desde otra isla en otro extremo.