Las Guías Dietarias 2025–2030 tienen un impacto directo y masivo sobre la salud pública, ya que orientan políticas, programas federales y mensajes nutricionales para millones de personas. Si bien incluyen algunos avances puntuales, el documento final presenta contradicciones, omisiones relevantes y una preocupante desconexión con la evidencia científica evaluada por su propio comité asesor.

Un punto de partida problemático

Para empezar, es fundamental aclarar que estas guías incorporan solo aproximadamente una cuarta parte de las recomendaciones emitidas por el Dietary Guidelines Advisory Committee (DGAC), el comité científico independiente encargado de revisar la evidencia.

Una de las incongruencias más importantes es que el DGAC recomendó un patrón alimentario con mayor énfasis en proteínas vegetales. Sin embargo, la administración actual descartó estas recomendaciones alegando que “carecen de justificación suficiente”.

Además, esta edición rompe con el proceso histórico de las DGA. En lugar de un documento técnico robusto dirigido a profesionales de la salud y responsables de política pública, se presenta un informe principal de apenas 10 páginas, claramente orientado al público general. Esto limita su utilidad para diseñar, implementar y fiscalizar programas federales de nutrición, y debilita su peso como herramienta regulatoria.

¿Qué sí incluyeron?

Las recomendaciones del Comité que finalmente se incorporaron fueron pocas y bastante básicas:

  • Mover las legumbres del grupo de vegetales al grupo de proteínas.
  • Priorizar el agua como bebida principal.
  • Limitar alimentos y bebidas con alto contenido de azúcar añadida.

Recomendaciones incluidas de forma parcial (y contradictoria)

Se mantiene el límite de <10 % de las calorías totales provenientes de grasas saturadas.

No obstante, este mensaje queda prácticamente anulado cuando simultáneamente se promueve un mayor consumo de carne roja, mantequilla, sebo y lácteos enteros como “grasas de calidad”. Desde un punto de vista matemático y dietético, ambas recomendaciones no pueden cumplirse de forma simultánea en la dieta habitual de la población.

Esta contradicción también dificulta la planificación de menús en programas federales, como los comedores escolares.

Conflictos de interés

Resulta relevante señalar que miembros del comité científico mantienen vínculos con:

  • La industria de lácteos y carne vacuna
  • Empresas de suplementos nutricionales
  • Compañías de snacks altos en proteína

Estos vínculos plantean dudas legítimas sobre la neutralidad de algunas recomendaciones incluidas en el documento final.

Aumento significativo de proteína

Las cantidades de proteína sugeridas aumentaron de forma notable. Estos valores provienen principalmente de weight loss trials y de poblaciones específicas (personas en pérdida de peso o atletas), no de la población general, lo que limita su aplicabilidad. Además:

  • Un mayor énfasis en proteína animal agrava el déficit de fibra ya existente en la población.
  • La evidencia es clara: reemplazar carne roja por pescado y proteínas vegetales se asocia con menor mortalidad y mejor salud cardiovascular.
  • En la práctica, el mensaje de “comer más proteína” probablemente se traduzca no en mayor consumo de legumbres o pescado, sino en un aumento de productos ultraprocesados fortificados con proteína (barras, cereales, snacks y suplementos), una tendencia ya dominante en el mercado.

Impacto real de estas guías

Esto no es un debate teórico. Las Guías Dietarias tienen un alcance enorme:

  • Programa WIC: más de 6.7 millones de participantes en 2024 (≈41 % de los infantes en EE. UU.).
  • National School Lunch Program: más de 100,000 escuelas.
  • Adultos mayores: múltiples programas de comidas alineados con las DGA, incluido el Older Americans Act Senior Nutrition Program.
  • Militares: los estándares de nutrición de la milicia se basan en estas guías.

Vegetales: menos variedad, más riesgo

En esta edición se eliminan los subgrupos de vegetales (hojas verdes, rojos/anaranjados, legumbres, guisantes). Esto abre la puerta a reducir la variedad ofrecida en programas federales de nutrición infantil, afectando la calidad nutricional y el aporte de micronutrientes y fitoquímicos claves.

Lácteos como eje central

  • Se presentan como pilar sin ofrecer suficientes alternativas para personas con intolerancia, alergias o elecciones éticas.
  • Existen otras fuentes válidas de calcio, como vegetales verdes, almendras y soya.
  • Esta centralidad de los lácteos entra en tensión con el mensaje de evitar alimentos “altamente procesados”, ya que muchas alternativas vegetales fortificadas, claves en el contexto escolar, quedarían implícitamente desalentadas.

Alcohol

  • Se eliminan los límites claros (1 bebida/día en mujeres, 2 en hombres).
  • Decir únicamente “consumir menos” no constituye una recomendación práctica ni educativa.

Herramienta educativa deficiente

  • El plato era claro, visual y fácil de aplicar.
  • La nueva pirámide es menos intuitiva, especialmente para personas con aprendizaje visual, y no refleja adecuadamente las recomendaciones escritas.
  • Además, conviene recordar que la pirámide anterior no se utilizaba desde hace más de 15 años.
  • Ejemplo: colocar las nueces al lado de la mantequilla minimiza su verdadero valor como fuente de grasas saludables.

Falta de enfoque en equidad y determinantes sociales

Aunque las guías reconocen disparidades de salud, no ofrecen estrategias concretas para abordar:

Esto es especialmente problemático considerando que los programas que dependen de estas guías atienden a poblaciones vulnerables.

Sostenibilidad: una oportunidad perdida

El DGAC incluyó consideraciones de sostenibilidad alimentaria, pero estas fueron excluidas del documento final. Esto ignora que: • Los patrones con mayor proporción de proteínas vegetales son más sostenibles. • La sostenibilidad alimentaria está directamente relacionada con la seguridad alimentaria futura y la salud pública.

Ultraprocesados: el “qué” sin el “cómo”

Es un avance reconocer que los alimentos ultraprocesados y el azúcar añadida son un problema serio de salud pública. Sin embargo, las guías evitan definir “ultraprocesados” y utilizan el término ambiguo highly processed, sin criterios claros. Sin definición, no hay implementación, regulación, fiscalización ni educación efectiva.

Mensajes confusos para la prevención de enfermedades crónicas

Las guías afirman alinearse con la prevención de:

  • Enfermedad cardiovascular
  • Diabetes tipo 2
  • Obesidad

Sin embargo:

  • Promueven patrones altos en grasa saturada y carne roja.
  • Minimizan el rol de la fibra, contradiciendo décadas de evidencia científica. Esto genera un desfase entre los objetivos declarados y las recomendaciones prácticas.

Aspectos positivos puntuales

Coincido con el énfasis en reducir:

  • Edulcorantes artificiales: mantienen la preferencia por lo dulce, dificultan la adaptación a sabores naturales y pueden alterar la microbiota intestinal.
  • Colorantes artificiales: asociados en algunos niños con problemas de conducta y atención, lo que ha llevado a regulaciones más estrictas en otros países.

En resumen, las nuevas Guías Dietarias 2025–2030 presentan algunos avances aislados como reconocer el impacto negativo del azúcar añadida y los alimentos ultraprocesados, pero están marcadas por mensajes contradictorios, falta de claridad operativa, posibles sesgos y una débil alineación con la evidencia científica disponible. Dado su enorme impacto en la salud pública, estas limitaciones no son menores y merecen una revisión crítica y transparente.