A primera vista, este plato puede generar dudas en muchas personas con enfermedad tiroidea: tofu y coles de Bruselas. Para algunos, esta combinación entra automáticamente en la lista de “alimentos a evitar”.
Sin embargo, cuando miramos la evidencia científica y el contexto nutricional completo, la historia es muy distinta.
Crucíferas y tiroides: ¿por qué generan preocupación?
Las crucíferas (brócoli, coles de Bruselas, coliflor, col, kale, repollo) contienen glucosinolatos, compuestos que, al metabolizarse, pueden convertirse en goitrógenos.
Los goitrógenos pueden interferir con la captación de yodo por la glándula tiroides, un mineral esencial para la producción de hormonas tiroideas. Esta es la base científica detrás de la preocupación.
¿Significa esto que deben evitarse?
No necesariamente.
¿Qué dice la evidencia?
Una revisión amplia de la literatura científica, que analizó más de 120 estudios (ensayos clínicos, estudios observacionales y experimentales), concluye que el consumo habitual de crucíferas, dentro de una dieta con ingesta adecuada de yodo, no tiene efectos adversos clínicamente relevantes sobre la función tiroidea ni sobre los niveles de hormonas tiroideas en humanos.
Los casos históricos de bocio asociados al consumo de crucíferas se dieron en contextos muy específicos: dietas monótonas, alto consumo crudo y deficiencia severa de yodo.
¿Crudas o cocidas?
- El consumo crudo y en grandes cantidades puede ser más relevante en personas con déficit de yodo.
- La cocción reduce de forma significativa el contenido goitrógeno, por lo que es una forma más segura de consumo cuando se busca mayor precaución.
- En personas con tiroides controlada y una alimentación variada, no es necesario eliminar las crucíferas.
Soya y tiroides: una controversia frecuente
La soya y sus derivados (tofu, bebida de soya, edamame, tempeh, miso, natto) contienen isoflavonas, compuestos bioactivos que han sido ampliamente estudiados por sus posibles efectos hormonales.
¿Qué muestra la investigación?
Las revisiones sistemáticas y estudios en humanos indican que:
- En personas con ingesta adecuada de yodo, la soya no causa hipotiroidismo ni enfermedad tiroidea.
- Los efectos observados sobre la función tiroidea son variables y generalmente leves, sin relevancia clínica clara en la mayoría de los casos.
Donde sí existe mayor consenso es en otro punto importante.
Soya y levotiroxina
En personas con hipotiroidismo, como yo, que toman levotiroxina, la soya puede disminuir la absorción del medicamento si se consume muy cerca del horario de la toma.
Recomendación práctica: separar el consumo de soya y la levotiroxina al menos 3 horas.
¿Importa el tipo de soya? Sí.
La evidencia sugiere que el consumo de soya tradicional, mínimamente procesada y fermentada es mejor tolerado:
- Tofu
- Tempeh
- Miso
- Natto
La fermentación y el cocinado reducen antinutrientes y compuestos goitrógenos, mejoran la digestibilidad y el perfil nutricional. En cambio, los efectos a largo plazo del consumo elevado de productos ultraprocesados de soya siguen siendo menos claros.
Entonces… ¿es compatible con enfermedades de la tiroides?
En la mayoría de los casos, sí.
Tanto las crucíferas como la soya pueden formar parte de una terapia médico-nutricional bien planificada, siempre que se tenga en cuenta:
- la ingesta adecuada de yodo,
- la forma de preparación,
- la cantidad consumida,
- y el respeto de los horarios del tratamiento farmacológico.
Comer bien con enfermedad tiroidea no es comer con miedo. Es comer con información, criterio y acompañamiento profesional.

