La Navidad es, sin duda, una época principalmente gastronómica. Durante un mes, o más, se multiplican los encuentros familiares para comer y celebrar.

Y si bien la comida tiene la capacidad de aportarnos todo lo que necesitamos para sostener la vida, los alimentos y la manera en que los llevamos a la mesa son una forma de expresión cultural, como el baile y la música. ¿O acaso como buen boricua te puedes imaginar una Navidad sin parranda y sin pasteles?

Como nutricionista-dietista quiero exhortarte a disfrutar sin culpa de los pasteles.

Para los lectores no boricuas, les cuento que cuando hablamos del pastel no nos referimos a una torta dulce. Hacemos referencia a un plato típico muy similar al tamal mejicano que, en lugar de llevar harina de maíz para hacer la masa, se prepara con: plátano, guineo verde y con yuca o yautía. Es decir, es un plato principal y como dice la conocida canción, se comen calientes: “Si me dan pasteles, dénmelos calientes, que pasteles fríos, empachan a la gente.”

“Dime lo que comes y te diré quién eres”. El pastel de masa sin duda alguna responde al conocido axioma. Es un deleite culinario multicultural. Una verdadera mezcla de nuestra herencia taína, española y africana.

Los pasteles de masa han sido siempre un alimento fundamental en nuestra mesa, sin embargo, siempre asociado con las comidas de las Navidades. ¡Es que abrir un pastel es como abrir un regalo!

Hablemos de sus calorías.

Un pastel promedio tiene aproximadamente 450 calorías, nada exorbitante. Si quisiéramos pudiéramos comernos un pastel todos los días y probablemente no aumentaríamos de peso. ¡Creo que con esto ya les he hecho el día!

El problema, o llamémosle reto, realmente está en aprender a moderar nuestras ingestas. La ganancia en peso que ocurre durante las Navidades no es porque comimos pasteles o arroz con gandules. Este aumento es consecuencia de los excesos. Solemos acabar las fiestas con la sensación de no haber parado de comer en ningún momento. Gestionar esto es la manera inteligente de prevenirlo. No hay que echarles la culpa a estos magníficos platos, mucho menos a nuestros pasteles.