El confinamiento para muchos se mide en libras. Y, el ayuno intermitente es la dieta más popular ahora para corregir esa ganancia.

¿Por qué está de moda? Porque es rigurosa y a la gente le encantan las reglas. 

Paso del ayuno al igual que de todas las estrategias para perder peso que sugieren cierto tipo de castigo. Aun así las trabajo cuando algún cliente me la solicita; sin embargo, procuro en la educación alimentaria ir haciéndole consciente del proceso, de las altas y bajas y de sus evidentes repercusiones.

Hay muchas estrategias, unas más llevaderas que otras. Por ejemplo, está la dieta 5:2 que consiste en comer lo que se quiera durante 5 días y ayunar los 2, en los que se ingiere alrededor del 25% de las calorías normales. Matemática pura, se restringen las calorías. Hay otra, “modelo de restricción calórica” que lo que pretende es eso mismo, reducir el total de calorías ingeridas por semana. La propuesta de esta dieta es que, durante 4 días en semana se consuma la ingesta calórica habitual, y los otros 3 días se ingiera un 40% de las calorías habituales. Seguimos sumando y restando. 

Aunque estudios han demostrado que con el ayuno intermitente se pierde entre 5-8% del peso en un periodo de 3-6 meses, también puede pasar que no se pierda nada y que convierta en otro intento frustrado. ¿Por qué? En este tipo de dietas restrictivas siempre hay un riesgo de autosabotaje. Y esto ha sido evidenciado en un reciente estudio en el cual el equipo de investigadores observó un mecanismo psicológico de compensación, en el que parte de las calorías que se eliminan los días de ayuno se trasladan inconscientemente a los días previos y posteriores. O sea, “a sabiendas de que mañana voy a sufrir y pasar hambre, hoy comeré más.” Nada nuevo. El cuerpo pide una compensación por el esfuerzo y lo hace buscando alimentos de alta densidad calórica.

Y además del componente psicológico, está el impacto hormonal. En otra investigación se observó que, cuando las personas sabían que no iban a desayunar al día siguiente, los niveles de grelina, la hormona del hambre, aumentaban, mientras que en aquellas que si desayunarían, no se observaba cambio alguno. El nivel de grelina se mantuvo elevado incluso cuando luego cambiaron los planes y desayunaron. Entonces pareciera que, además de que comer nos satisface, el solo saber que vamos a comer también puede suprimir el apetito, cosa que se ve afectada con las dietas de ayuno.

Dicho esto, el ayuno intermitente puede funcionar, aunque a largo plazo no presente una mayor reducción de peso al compararlo con un plan de moderada restricción calórica continua. Sin embargo, si no te comprometes a seguirlo, el ayuno no funcionará, por lo antes explicado, y tampoco habrás aprendido a trabajar con los hábitos alimentarios. Y como creo firmemente en el poder de los hábitos, paso de esto.

 

Referencias:

  • https://revista.nutricion.org/PDF/PONSSALA.pdf
  • https://doi.org/10.1016/j.appet.2020.104719
  • https://doi.org/10.3945/ajcn.116.136937
  • https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2011.10.007